Semilla de odio

Hacer prosperar el odio es algo demasiado fácil: plantas la semilla de la incertidumbre y ¡voilà!
Hay muchas maneras de odio: justificadas, absurdas, inspiradas por el miedo, por el interés… La amalgama de tipos de odio es tan compleja y extensa como habitantes de la raza humana hay sobre el planeta Tierra.
Además, el odio, el algo imperecedero en el tiempo. En ocasiones incluso pasa de generación en generación como una reliquia valiosa o como una enfermedad congénita.
Sin embargo, el desenlace de este texto no tiene como finalidad un mensaje de amor y fraternidad con el mundo y los congéneres que nos rodean. Como he mencionado antes, hay odios justificados y justos (bajo mi punto de vista).
El punto y final de esto es: esa semilla primigenia, la de la incertidumbre, que plantamos para odiar algo en concreto cuando se desarrolla se convierte en una mala hierba, cuyo único sustento es la confianza; confianza en los demás, pero también en nosotros mismos.
He visto seres gigantes y maravillosos enterrados en enredaderas de odio hacia si mismos. Yo misma cree un fortín con ellas y luego me traicionaron, cegándome y apartándome del mundo. Pero comprendí (gracias a las tijeras de podar de otras personas) que el odio no es la única respuesta, menos cuando es hacia uno mismo.
Hacer prosperar el odio es algo terriblemente fácil…